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jueves, 13 de noviembre de 2008

Rock al parque, más de una semana después


(queridos lectores: se trata de un artículo largo como pocos, espero sepan perdonar la falta de brevedad, pero en realidad traté de ser conciso pues se trata del resumen del evento completo. y dice...)

Ya ha pasado más de una semana desde rock al parque. Ya mis tenis están limpios de nuevo, mi ropa seca, pero mi memoria sigue intacta. Este es un resumen de lo que vi en Rock al parque 2008.

A pesar del inclemente azote de Dios vengador, que al parecer conspiró con el Opus Dei y algunos elementos del partido de la U para acabar con el festival (curiosamente esto mismo pasa cada año desde que lo hacen en noviembre), muchos asistimos a nuestra cita anual en el Simón Bolívar, una cita con la música, con la lluvia, con las mismas caras conocidas, con el barro y la comida fea y cara (aunque el chorizo con arepa este año estuvo fabuloso).

El sábado 1 de noviembre no asistí, debido a compromisos previos, y me quedé con la curiosidad de ver muchas cosas. El domingo, luego de haber pasado el aguacero novembrino que es regla en Rock al Parque, me dirigí al parque, sin saber bien qué había sido de la programación y llegué justo para Gondwana, así que quiero comenzar por lo que no me gustó o en general no me gusta.



Han de saber de antemano que lo mío definitivamente no es el reggae, pero es una cuestión de temperamentos. De hecho, me va mucho mejor con géneros derivados de éste, como el dub o el dancehall. No por eso quiere decir que no sea capaz de reconocer una buena banda de reggae cuando la veo. Gondwana me pareció un grupo repetitivo, al que le pesan los años y años de oír incesantemente Bob Marley y el consumo concupiscente de marihuana, que no tiene nada muy innovador para enganchar al oyente escéptico, como yo, y tampoco cuenta con una instrumentación lo suficientemente compleja para lograr resultados interesantes en su comunión con el mundo. Sin embargo, algo bueno han de hacer, porque todo el mundo estaba encantado. Yo de verdad no encontré un solo ritmo que me hiciera bailar de corazón, y es exactamente lo mismo que encuentro en la música de Dr. Krápula.


La banda bogotana Dr. Krápula es un viejo conocido. Llevan tocando en Rock al parque casi tanto como yo llevo yendo y llevan haciendo casi exactamente lo mismo todo este tiempo. Empezaron siendo una banda de ska, y todavía conservan algunas cosas de ese género, pero en aras de alcanzar el curubito del reconocimiento nacional y continental han optado por añadir sonidos nuevos, como el barra brava en donde cantan como aficionados del fútbol en canciones como “La fuerza del amor” o “El pibe de mi barrio”. Lo lograron, y de nuevo las multitudes estuvieron dichosas, finalmente Dr. Krápula es una banda que nace del barrio, son vecinos de Rock al Parque y se han ganado a pulso el reconocimiento y el cariño de la afición que tienen, que es mucha. Yo por mi parte pienso que son un bodrio, pero eso es problema mío, que nunca creo que la mayoría tenga la razón. Lejos de los gustos musicales y de todo lo que yo pueda despotricar sobre los grupos que poco innovan, hay un sinsabor que me queda de todo esto: ¿es esta la única izquierda que nos queda? No tienen un discurso tan inconsistente como el de Amós Piñeros, voz líder de Ultrageno, pero se desgastan en pelear contra cada detalle que no les parece. Supongo que esto es material de otro artículo.

Una amiga mía del alma dijo muy sabiamente que las mejores canciones de reggae que había oído pertenecían a bandas que no hacían solamente este tipo de música, y los ejemplos son muchos. Sin ir más lejos, Sargento García, un grupo francés con espíritu sudaca (como tantos franceses) es una banda que mezcla salsa y reggae. Con ellos, como siguiendo una tanda por géneros, empiezo a hablar de lo que me gustó. Sin ser mi grupo favorito, ni siquiera un top cien, este colectivo de músicos reconoce la importancia de la fusión, cantan con todo desparpajo, vestidos como si vinieran a Cartagena y de manera muy amistosa. Tienen canciones geniales, ritmos de salsa deliciosos y buenos sets de vientos, y cada tanto sueltan un reggae bien hecho, que puede no matarme, pero me sorprende, y con eso es suficiente.

Por esa misma línea viene la Kinky Beat, la otra banda de la Europa latina que nos visitó este año. Son una banda que hace ska, sobre todo, pero lo combinan con muchas cosas, algunos accesos de rap ejecutados por su voz principal, una española de voz gruesa y fuerte, algunos devaneos hacia la patchanka de Mano Negra y ese sonido tan característico de Barcelona, que reside en grupos de todo tipo, desde la Cabra Mecánica hasta Ojos de Brujo, una facilidad hacia la rumba que el sonido de esa ciudad tiene y es inimitable. Me parece un grupo sólido y fiestero, que no se queda con un solo sonido y vale la pena tener en cuenta.


De las mejores cosas que vi fue Austin TV, en la tarde del lunes. Los conocía de hace poco, pero nunca les había puesto realmente atención. Pude verlos en la fiesta en la noche del domingo y me encantaron. El cantante habla de más a ratos, pero tienen una propuesta como no se veía hace mucho tiempo en el festival. Son muy jóvenes, y eso solo puede dejarme a la espera de mejores cosas por venir, lo que es muy bueno, porque de verdad son un muy buen grupo. Tienen un sonido que combina todo tipo de influencias, desde Sigur Ros hasta toda la movida de Monterrey. No cantan, pero el espectáculo que dan es suficiente, saltando por el escenario, o saliendo a compartir con el público, que quedó enamorado de ellos por sus ritmos fuertes, las guitarras distorsionadas, los excelentes atuendos con máscaras (a ninguno se le ve la cara) y en general, por lo refrescante de este tipo de novedades en la tarima, sobre todo si se trata de actuaciones tan generosas y comprometidas como las de Austin TV. Excelente contratación.


El domingo cerraron dos bandas de mi entero agrado. Babasónicos es un grupo del que soy aficionado desde que tengo 12 años, cuando oí su canción “Malón” por el tan extrañado MTV Latino de los noventas. Desde ese momento siempre han sido para mí el mejor grupo de rock latinoamericano, siempre capaces de sorprenderme y cambiar, en cualquiera de sus etapas. Tienen canciones que parecen sacadas de los archivos apócrifos de Palito Ortega o Leonardo Favio y tienen otras que son rigurosamente rock. No se niegan a ningún ritmo (este año cerraron con su canción “El ídolo” que es absolutamente country) pero tienen un sonido inconfundible. Es además una banda que me trae recuerdos de amigos del alma y niñas que quiero mucho, una de las cuales me acompañó a verlos, como era deber y rigor. Dicho todo esto, estuvo mejor la presentación del 2004. Tocaron menos canciones del Jessico, y muy pocas de su último álbum. Eso sí, cantaron “Patinador Sagrado” del Trance Zomba (1994) a dúo entre cantante y percusionista (que si no estoy mal son hermanos) de la manera en que la tocaron en el unplugged que hace años hicieron para el mismo MTV que me los presentó. Ese fue un excelente detalle y aunque no fuera el mejor concierto que les he visto, no deja de ser una muy buena experiencia ir a verlos tocar, porque son una gran banda.

Sobre Black Rebel Motorcycle Club ya hablé en un artículo dedicado solamente a ellos, pero debo repetir que me gustó como pocas bandas me han gustado en todos estos años, que concuerdo con José Gandour (www.zonagirante.com) en que es buena idea seguir explorando ese tipo de grupos, pero sobre todo debo resaltar algo que me encantó: no sacaron la bandera de Colombia y se los agradezco desde el fondo de mi alma. En estos años de insulso pero fanático patriotismo es refrescante ver a un grupo extranjero que no saque la bendita bandera y diga que nuestro país es lo mejor; de hecho me parece más respetuoso cuando vienen a hacer lo suyo y lo hacen bien, sin oír las idioteces que seguramente les dicen los productores, managers y organizadores antes de salir a cada concierto en cada país al que van, desde New Hampshire hasta Etiopía (si bien nuestro país debe ser top 5 en lagartería).

Bloc Party en cambio sí la sacó, pero es un detalle menor en comparación con el concierto que nos dieron en la noche del lunes. Si existe una evolución notable dentro del gusto del público de Rock al Parque es que se puedan traer bandas de este talante, en el borde entre el Punk, el New Wave y el pop, sin que todos estén pidiendo a gritos “Tenebrarum”, legendaria banda de métal que nunca oí, pero siempre veía en el cartel (¿Qué habrá sido de ellos?).


Hay muchas cosas que me gustaron dentro de la presentación de Bloc Party. La primera, su cantante, y la forma en que cantaba cada canción, desde el alma, muchas veces abrazando la guitarra y dando pequeños brincos. Su performance es completamente sincera y es capaz de enganchar al más escéptico con esa voz que une el pregón rápido del punk y el new wave con algo de lamentos de blues, herramienta que saben usar a la perfección. La otra cosa son las secuencias que usan, muy sencillas y perfectamente apropiadas. Las canciones en general son buenas y hay un par que son excelentes, valió la pena perfectamente haberlos traído.

En una canción tuvieron un comienzo en falso. Kele Okereke, el vocalista, paró en seco y dijo: “creo que Bogotá se merece una guitarra bien afinada”. Pidió una nueva, y volvieron a empezar, dueños de todo nuestro cariño. Creo que este episodio es el más apropiado para cerrar mi reseña; Bogotá no solo se merece una guitarra bien afinada, se merece mil. Rock al parque debería empezar desde ya a construir una cultura del rock bien consolidada, subir los estándares de exigencia, tomar parte en la evolución del rock colombiano. Esta edición me gustó, pero porque yo no era una banda invitada, ni nada parecido, menos aún una que haya ganado la convocatoria. Hay problemas para solucionar, pero no por eso Rock al Parque ha dejado de ser mi fin de semana favorito (exceptuando tal vez mi cumpleaños).

Todas las fotos de este artículo las extraje sin permiso de www.rockalparque.gov.co

Santiago Rivas

lunes, 3 de noviembre de 2008

Black Rebel Motorcycle Club


I fell in love with the sweet sensation
I gave my heart to a simple chord
I gave my soul to a new religion
Whatever happened to you?
Whatever happened to our rock'n'roll?
Whatever happened to my rock'n'roll?

Hace unos años conocí a Black Rebel Motorcycle Club, y no logro cansarme de oírlos. Cuando supe que venían para Rock al Parque pegué un brinco de la emoción, porque es un grupo que no mucha gente conoce aún en nuestro país y nunca aspiraba a verlos en vivo, pero así son las cosas y me preparé concienzudamente para ir a su encuentro. Aún así, no sabía qué esperar cuando por fin los anunciaron en la tarima del Simón Bolívar.

Gracias a la reciente aparición de Vh1 en nuestras vidas ahora el rock es como una especie de religión. No importa qué tan aburrida sea tu vida, o qué tan malo sea tu grupo, lo importante es rockear, sin que importe cómo lo haces: a veces es la ropa, a veces la actitud, incluso la capacidad de pararte a hacer el oso. Las menos de las veces es la música, si bien se supone que Juanes es rock y Maná también. Anoche efectivamente pusieron a prueba nuestra fe, pues tuvimos que esperar bajo un aguacero tremendo a que por fin nos anunciaran la llegada de esta banda de California, y valió cada segundo de esa espera, porque creo que supieron darnos una lección de lo que significa rockear.

El planteamiento inicial de BRMC es simple: no se separan del rock clásico, todo lo contrario (usan amplificadores de tubos), pero todavía hay más. Sobre ese esquema básico montan una propuesta sonora imposible de definir (en Wikipedia los clasifican en 8 géneros distintos), mezclando elementos del rock puro de garaje con momentos sicodélicos, llegando incluso a ese sonido heroinómano post punk que a veces nos hace tan bien escuchar. Hay gente que desearía que todos los grupos de Rock al Parque fueran metal, o nuevo metal; hay gente que solamente baila cuando sabe quién canta, pero la gran mayoría de los que nos quedamos fuimos cautivados, así muchos no los hubieran oído en su vida.

¿Querían rock? ¿Querían ritmos contundentes y letras sencillas? ¿Querían pintas de rockero? ¿Querían actitud? Todo eso pasó frente a nuestros ojos anoche; se pararon a hacer lo suyo, sin mayores pretensiones, sin discursos y sin poses: solo rock, porque así se hace. Lo demás fue sencillo: quedar boquiabierto, saltar bajo la lluvia, mover la cabeza agitar los brazos y gritar, para devolverme a mi casa ronco, completamente empapado y completamente satisfecho, seguro de haber visto uno de los mejores conciertos que nos han dado y deseando en el fondo de mi alma que sigan trayendo grupos así para que nos sigan dando las lecciones que tanta falta nos hacen.

(Este artículo aparece también dentro del cubrimiento de Rock al Parque hecho por Zona Girante http://www.zonagirante.com/ )

Santiago Rivas

viernes, 1 de agosto de 2008

Muse (Bogotá, Julio 20 de 2008)


“During the struggle
They will pull us down
Please, please

Let’s use this chance
To turn things around

And tonight
We can truly say

Together we're invincible”


Este es un artículo sobre las palabras. No puede ser casualidad que Muse llegara a Bogotá justo este año, justo en el día en que celebramos nuestra Declaración de Independencia. Es un artículo sobre las palabras porque este es un país en que muchas de ellas se han convertido en armas mortales, un país en el que no existe la comunicación, ni la memoria, el país del blanco y el negro, de los absolutos y los oídos cerrados. No puede ser una coincidencia que hayamos ido los que fuimos a oír un grupo que tan elocuentemente habla de la destrucción, de cambio y de la responsabilidad que todos tenemos frente a la construcción de un mundo diferente, la necesidad de crear una nueva y mejorada realidad.

Hablamos muy a menudo de la patria y del progreso, de los buenos y los malos. Marchamos con el grito en el cuello para reclamar lo que creemos correcto, pero somos incapaces de ver lo que realmente bulle por debajo de los sistemas que nos gobiernan. Somos autómatas que gritan a favor de una bondad que desconocemos.

Es poco lo que puedo decir realmente sobre Muse que no se haya dicho ya, pero voy a intentarlo. Es una banda apocalíptica en todo el sentido de la palabra, con riffs de guitarra grandilocuentes, episodios de piano limpísimos y de una belleza increíble y baterías que dentro de la calidad de una buena percusión incluyen a veces redobles de marcha.

Los empresarios, sin embargo, pensaron que se trataba de una banda de brit pop y pusieron como telonero a una banda colombiana de pop británico (así como lo lee, amigo contribuyente). The Hall Effect vio la luz muy lejos del barrio Londres, al noroccidente de Bogotá, y su popularidad crece, como pasa con todo aquello que es políticamente correcto. Al igual que la mayoría de los compositores de brit pop que nacieron efectivamente en las islas británicas, no hacen música nada novedosa; la fórmula de hacer rock con el Happy Birthday, como lo dice muy acertadamente mi amigo Manuel. Por eso solo se llevan este desafortunado párrafo.

Cuando uso el término “apocalíptica” (acuñado en este caso por Ana, otra gran amiga mía) no me refiero a que nos llamen a arrepentirnos porque se acerca el fin de los tiempos y menos aún a sentarnos a llorar. Hablan de renovación y de revolución, como cantándole al mundo entero. Son capaces de evocar la tristeza más profunda y la ira más encendida, incluso la alegría y el amor más brillantes. Hacen el mejor cover que yo haya oído de una canción de Nina Simone (Feeling good) y sus letras están escritas para buscar nuestras fibras más sensibles, con una claridad que existe en pocos compositores modernos, que se escapa a las fórmulas convencionales. Este es un artículo sobre las palabras porque decimos oír pero no lo hacemos, porque obviamos el mensaje para quedarnos con nuestros propios argumentos y cantar las mismas canciones que recordamos pero no entendemos.

Es fácil oír Muse. Yo estoy convencido de que a todo el mundo le gusta Wagner, porque no existe nada que más cale que el dramatismo de una buena pieza épica, y esta banda usa esta fórmula a la perfección. Y aún así es difícil comprenderlos. Es un rock sentido como el que pocas veces encontramos en estos días y está compuesto sin dejar un solo pedazo al azar, lo que se puede evidenciar perfectamente viéndolos en vivo. Fueron capaces de emocionarme y hacerme gritar hasta la ronquera, nos dejaron a mí y a mis amigos perplejos, sintiendo la necesidad urgente de un trago, para poder sentarnos a comentar lo que habíamos visto, el estremecimiento de todos no podía ser coincidencia.


Este es un artículo sobre las palabras porque Muse habla de la libertad y del cambio, del poder que tenemos para crear nuestra propia realidad y pedir por nuestros derechos. Habían marchado las multitudes esa mañana exigiendo una causa que pese a su justicia, oculta en muchos niveles los hilos de horror e ignorancia que atan y manejan a nuestro país. Y mientras los oía cantar Knights of Cydonia o Invincible (de donde sale la cita de arriba), viendo desfilar por la pantalla de atrás a tantos que durante la historia caminaron en pro de la libertad (las marchas en Soweto, las manifestaciones de Mayo del 68), no pude evitar sentir tristeza por el vacío enorme en el que esas palabras resonaron: el vacío de un país, que al igual que el mundo entero ha olvidado el verdadero significado de las palabras que antes impulsaron cambios fundamentales pero que ahora parecen ser un eslogan más del statu quo y de los sistemas que se nutren con nuestro silencio.

La imagen de Muse en vivo en Bogotá fue tomada de la dirección de flickr de Juliana, una muy querida amiga mía que además tiene cámara (no de aire como los Nike o los pump): http://flickr.com/photos/lafalsaalicia/

Por último quiero pedir disculpas a mis lectores, no solo por lo largo de este artículo, también por mi ausencia prolongadísima en las líneas de este blog. Espero no haberlos perdido a ninguno de ustedes y espero también tener la cabeza para volver pronto a escribir acá, no en seis meses, como en este caso. Valga este artículo para que el silencio en El Wolman también se rompa, gracias a todos por su paciencia.

Santiago Rivas

lunes, 22 de octubre de 2007

Gogol Bordello



Por razones ajenas a mi entendimiento siempre he sentido fascinación por todo lo que tiene que ver con Europa oriental. La música de los eslavos es más que especial; trae consigo la guerra y la fiesta, el caos y la alegría, la alabanza y la blasfemia. Combina lo gitano con lo turco, lo cristiano y lo judío. No puede sernos ajena, si tenemos en cuenta que la historia de estos pueblos es igual a la de nuestra querida Latinoamérica, en donde vivimos siempre al lado de la magia, la disfuncionalidad y la belleza de lo desconocido, la permanente mezcla de razas y estilos.

Hoy quiero hablar de un grupo en especial. Nacido en el Lower East Side de Nueva York, Gogol Bordello es una banda de punk gitano compuesto principalmente por inmigrantes de Europa oriental, acompañados en su formación actual por un etiope, un ecuatoriano, un nativo de Florida, una tai-americana y una sino-escocesa (combinación de china y escocesa), lo que nos da una idea clara de lo insólito de su propuesta. Sin embargo, tratándose de un conjunto que se denomina gitano, no es de sorprenderse que exista una mezcla tan heterogénea, si bien la nación de los Rrom es la más extensa del mundo entero.

Oírlos constituye una experiencia que vale la pena de principio a fin. Es, sobre todo, una mezcla sumamente elocuente entre el sonido complejo y melódico del acordeón, el violín y la percusión gitana con el carácter trash propio del punk, guitarras distorsionadas y riffs sencillos. Concluye esta fusión la voz ronca y potente de Eugene Hütz, quien canta en varios idiomas (incluso en una misma canción), redondeando perfectamente el carácter de este fabuloso experimento, en el que aparecen ocasionalmente extractos de otras músicas, como en su canción “I would never wanna be young again”, en la que usan un arreglo de violín tomado de Schubert. (Sinfonía No. 8 “Inconclusa”).

Por último, es necesario resaltar el carácter de resistencia que existe en el espíritu de Gogol Bordello. No se trata del experimento esnobista de un productor, ni de otra pieza de lo que se suele llamar despectivamente “World music”. Se trata de gente seria, comprometida con la producción de su música y que participa en otros proyectos entre los que se encuentra una colaboración con Balkan Beat Box y el trabajo de Hütz como Dj. Son compositores de letras contundentes y divertidas, que van de una concepción fascinante del anarquismo, hasta letras que simplemente exponen una poética dictada por el caos y la euforia. Es música de vanguardia, esencialmente profana; ajena al estatismo y el aburrimiento, sumamente apropiada para estos días de tropipop, salsa de cama, baladas románticas carentes de sabor y revivals de los 80. Un recomendado absoluto.


Discografía

Voi-la-Intruder (1999)
Multi Kontra Culti vs. Irony (2002)
East Infection EP (2005)
Gipsy Punks: Underdog World Strike (2005)
Super Taranta! (2007)

Otros proyectos
Gogol Bordello vs. Tamir Muskat (2004). Colaboración entre Gogol Bordello y miembros de Balkan Beat Box, en la denominada J.U.F. (Jewish Ukranian Freundschaft)


www.gogolbordello.com

Santiago Rivas



martes, 25 de septiembre de 2007

En contra del "Bossa N' Stuff"



Si hay un país que merezca mi respeto (y el del mundo en general) cuando se trata de su producción cultural es Brasil. En este país tan cercano como distante hemos visto nacer la música de personajes tan maravillosos como Gilberto Gil, Seu Jorge, João Gilberto, Astrud Gilberto, Sergio Mendes, Vinicius de Moraes, Wilson Simonal y un larguísimo etcétera. Sin embargo, existe de un tiempo para acá un nuevo capricho de los traficantes de “estilo” que atenta con hacer detestable un ritmo encantador como es el bossa nova.

A las versiones en saxofón y organeta hechas para emisoras como Melodía Estéreo y adefesios tales como las versiones de los Beatles en canto gregoriano se ha unido una serie de discos que presentan versiones de los grandes del rock, el pop e incluso el jazz cantadas por voces femeninas sobre una pista de bossa nova. Canciones que antes hicieron enloquecer a multitudes de jóvenes rebeldes aparecen en versiones aguadas y “soportables”, la nueva banda sonora para todo tipo de lounges, bares y ascensores.

Para todos aquellos que disfrutamos del rock y todos aquellos que apreciamos el bossa nova, resulta ofensivo que las canciones y ritmos que nos gustan se mezclen para hacer música para salas de espera. El rock nunca estuvo muerto, y sin embargo se ha buscado resucitarlo, adaptándolo al oído del adulto contemporáneo, que nunca entendió qué hay de “cool” en los Rolling Stones. Sin mayores ambages se creó esta receta que hace de la música un accesorio del más sofisticado esnobismo; un adorno más para nuestra cultura políticamente correcta y llena de estilo; música para toda ocasión.

Se salvan experimentos como el de la banda francesa Nouvelle Vague (nueva ola), que hace versiones en Bossa Nova (nueva ola) de canciones New wave (nueva ola). No solo las versiones son buenas sino que es ingenioso el juego de palabras. De ahí en adelante no resisto ver u oír un solo disco que tenga por delante el “bossa”, nueva bandera de la música “estilizada” que ambienta los consultorios y oficinas del mundo entero.

¿Qué sigue? No me sorprendería encontrarme próximamente un disco de Bossa N’ Floyd, o de Bossa N’ Sabbath. Tal vez vendría bien intentar un Bossa N’ Manson, Bossa N’ Goth o incluso ir más allá y dañar canciones de Bossa Nova clásico, con el Bossa N’ Bossa. Después no digan que no les advertí.

Estamos acostumbrándonos a tomar la vida sin riesgos ni compromisos. Yo sé que no es necesario adoptar un tono tan trascendental en cuanto a un simple experimento de las disqueras, pero no puedo evitar sentir que de nuevo se trata de esa compota detestable que nos dan día a día. Yo no tengo nada en contra de la mezcla de tendencias mientras el resultado de la mezcla sea original, divertido y contundente; en este caso, es más que evidente que el bossa nova, siendo un excelente tipo de música, ha sido convertido en una fórmula para crear eufemismos y versiones digeribles de lo que mucha gente antes consideraba demasiado pesado, incluso “satánico”; una nueva ola de música sin cafeína, sin azúcar y sin grasa. Sin sabor y sin vida.

Santiago Rivas

martes, 18 de septiembre de 2007

Pequeña Orquesta Reincidentes



Hoy quiero hablar de un grupo argentino que demuestra que la música latinoamericana no está condenada a imitar modelos establecidos sino que, por el contrario, está diseñada para crear nuevas propuestas a partir de fusionar elementos muy diversos sin caer en el cliché, como tan a menudo pasa entre los músicos de nuestro continente. Esta banda argentina me llegó como de la nada, gracias a la reproducción aleatoria del ITunes en el computador de un amigo. Fue una epifanía instantánea; son muchas las cualidades de este grupo, que aún no es tan conocido como lo merece en su país natal, menos aún en nuestro país o en el mundo. Es la Pequeña Orquesta Reincidentes, mi recomendado de hoy.

El sonido de la Pequeña Orquesta combina muchos tipos de música que no se distinguen claramente, y no conozco a nadie que me haya podido describir exactamente qué tipo de música hacen. Entre el rock, los ritmos argentinos o del sur -como la milonga o el vals- hasta ritmos tomados de la música balcánica. Sus integrantes se presentan vestidos elegantemente y tocan instrumentos tan diversos como la guitarra eléctrica, el acordeón, la tuba y la mandolina. Alternan dos voces que con el tiempo uno aprende a distingiuir, entre una más rugosa (incluso oportunamente desafinada) y una más cálida, que se complementan perfectamente a medida que avanza un disco entero de ellos, experiencia que aconsejo a ojo cerrado.



Producen, tanto en sus canciones más movidas como en las más tristes, un sonido nostálgico y original, rico en sonidos, que ha evolucionado y madurado enormemente a través de cada uno de sus primeros 7 álbumes (el octavo no lo he podido conseguir, pero tiene pocas canciones originales y, en cambio, presenta covers y versiones en vivo). Sus canciones están llenas de giros y de momentos sin voz, que estos talentosos músicos saben aprovechar al máximo para imprimir más fuerza a sus letras llenas de imágenes de todo tipo; son fácilmente uno de los cinco grupos con mejores letras en castellano.

No es fácil de conseguir en internet, pero se logra. Pueden pedirme canciones de ellos a elwalkman@gmail.com.


Playlist Pequeña Orquesta Reincidentes

Estas son las mejores 20 canciones de este grupo hasta ahora, y caben en un disco quemado por ITunes, así que tanto mejor. Las pongo en orden cronológico.

1- Un cerebro más en tu copa
2- Más allá del mar
3- Blanco y Amarillo
4- 16 escalones
5- Raros peinados nuevos (cover hecho a Charly García)
6- El atajo
7- Desconsuelo
8- El portugués
9- Equipaje
10- El egoísta
11- Mi suerte
12- Tres deseos
13- Siete suelas
14- Liso
15- El vaivén
16- Sin dinero
17- Miedo a la oscuridad
18- Romance de suelas y suelos
19- El camión
20- Abrazame

(Mentí, se me quedan por fuera Sticks & Stones, Siete horas leyendo y Gallo rojo, gallo negro. Que cuente esta aclaración a manera de posdata.)

Discografía:

Tarde (1994)
Nuestros años felices (1996)
¿Qué sois ahora? (1999)
Pequeña Orquesta Reincidentes (2000)
Mi suerte (2001)
Miguita de Pan (2003)
Traje (2005)
Capricho (2007)

Fotos tomadas de su página de internet www.reincidentes.com.ar

viernes, 31 de agosto de 2007

Adriana Varela

Por: Santiago Rivas.

Adriana Varela da pequeños brincos cuando canta, al final de algunas frases. No es -como puede sonar- un gesto ridículo. Son saltos de emoción, como si apenas pudiera contenerse, como si esos tangos que canta la sacudieran tanto como a los que faltos de aliento la veíamos interpretar una tras otra canciones que nos dejaron boquiabiertos. El tango es una música que depende en gran parte de la forma como es interpretada. Es, como la música popular, el producto de un sentimiento que cuando se mezcla con el virtuosismo se convierte en el sentir de todos los que la oyen. Eso ocurrió en la noche de este Jueves 30.

En el concierto llevado a cabo el 30 de Agosto en el teatro Jorge Eliécer Gaitán (Bogotá) conocí el verdadero estremecimiento, el significado del apelativo “arrozudo”. A medida que avanzaban las canciones sentí escalofríos y se me erizó la piel. La voz de Adriana Varela es especial, tan cálida como desgarradora y llega de inmediato a lo más hondo del cuerpo; canta con las entrañas, y su forma de hacerlo tiene lo mismo que la de Goyeneche; uno siente que ellos compusieron el tango que cantan, como si les hubiera tocado a ellos. Conocen bien lo que dicen y hacen las pausas como solo ellos saben, como le canta ella al “polaco”: “…tu voz que al tango lo emociona, cantando el punto y coma que nadie le cantó…

Y así fueron las cosas esta noche, sin más que decir: músicos excelentes, excelentes canciones. Adriana Varela caló hondo y la gente (siempre la gente) gritó, pidió canciones, mandó saludes desde Medellín y aplaudió al embajador argentino que se paró a dar cátedra sobre tango, embriagado (seguro de alegría y de pena porteñas). Mientras tanto yo, en mi silla perplejo sudé, respiré profundo, pasé saliva una y otra vez hasta que finalmente, con los ojos aguados hice de tripas corazón y opté por hacerme el duro, como siempre. Pensaba ignorar este episodio, pero he decidido hacer esta confesión, tal vez para manifestar mejor eso que no logro describir en el canto de esta gran tanguera que esta noche tocó mis fibras más sensibles.

Bonus Track: lista de reproducción para el día del terremoto

Un 31 de agosto de un año que no diré, un terrible terremoto derrumbará a Santa fe” es la frase que me hizo temblar de chiquito. Las palabras del cura cuyo nombre no recuerdo, y el peso de la maldición hacían de las últimas noches de agosto un martirio para mí. Hoy, 31 de agosto de 2007, en medio de una ola sin igual de catástrofes naturales y alarmas tan falsas como verdaderas sobre el futuro no solo de nuestra ciudad sino del planeta entero, he decidido poner en este blog una playlist (perfectamente disponible a todos ustedes, lectores del walkman) lista para quemar en un CD, con las canciones que me gustaría oír en un día aciago como el de la catástrofe que se lleve a esta ciudad que tanto quiero. De la misma manera, seguiré poniendo cada tanto una de estas listas, con canciones que me hacen pensar en el fin de los tiempos. Como alguna vez lo dije, si ha de llegar una hecatombe, espero que me coja con el walkman puesto. No son todas canciones apocalípticas, hay muchas que simplemente me gustaría oír cuando llegue el momento en que todo se derrumbe. Acá van las canciones.

1- It’s the end of the World as we know it (and I feel fine) – R.E.M.
2- El fin del mundo – Alaska y Dinarama
3- Wave of Mutilation – Pixies
4- Great Hosanna – Kula Shaker
5- Regret – New Order
6- The day the World went away – Nine Inch Nails
7- Perfect Day – Lou Reed
8- Where the streets have no name – U2
9- There is a Light that never goes out – The Smiths
10- Half day closing – Portishead
11- Lake of fire – Nirvana (cover unplugged hecho a Meat Puppets)
12- Apocalypse please – Muse (intercambiable por Invincible, del mismo grupo)
13- Total Eclipse of the Sun – Einstürzende Neubauten
14- Outside – David Bowie
15- A Kick in the teeth - Fischerspooner
16- Appels + Oranjes – Smashing Pumpkins
17- Tomorrow comes today – Gorillaz
18- Pyramid song – Radiohead
19- El Viento – Manu Chao

Santiago Rivas

sábado, 25 de agosto de 2007

Este tema me vuelve mierda, o la celebracion de la Tristeza

El pasado martes 21 de agosto (2007) estuve poniendo música en Mai Lirol Darlin (Bogotá), en una noche que dedicamos exclusivamente a la música más triste que se haya escrito, desde el tango hasta Radiohead, y de ahí todo cuanto haya. Cuando digo “dedicamos” hablo en plural por varias razones: en primer lugar, la idea de hacer una noche triste en un bar nació a lo largo de unos dos meses en que la idea evolucionó, en diferentes cabezas, hasta reventar en un par de noches con buena música triste que disfrutamos tanto como la más alegre de las fiestas. En segundo lugar, porque requiere un esfuerzo de más de uno llevar a cabo una experiencia que en el fondo celebra algo tan íntimo, tan privado y muchas veces tan específico en sus términos como la tristeza.

No busco solamente hacer promoción de estas celebraciones, de las cuales habrá de ahora en adelante una mensual. De toda esta búsqueda por despertar el sentimiento contrario al habitual en una reunión de personas ha nacido una serie de reflexiones que me gustaría compartir, respecto a la música que acompaña nuestros momentos oscuros, dado que constituye una experiencia en la que juega un papel fundamental la combinación entre nuestro gusto y nuestra memoria. La música de nuestros malos momentos hace evidente más que nunca la importancia de la música en nuestras vidas, cuando sentimos que alguien nos entiende, que hay una persona que canta eso que tanto queremos decir y sentimos atorado tan hondo en el alma. Solo entonces empezamos a entender la forma en que disfrutamos de nuestra tristeza y nuestro desasosiego.

Existe música objetivamente triste, pero si existe en realidad algo interesante es hacer una exploración de sus diferentes matices, encerrados en la experiencia individual de cada canción. La música que más pensamos es esa que solamente disfrutamos estando solos, por lo que tantas veces hemos oído decir o dicho (yo no me incluyo) la famosa frase “esta canción me vuelve mierda”, que implica que a esa persona le gusta la canción, pero trae a colación un recuerdo triste que hace de esa canción en sí una experiencia dolorosa, así se trate de “Material Girl”, o “Girls just wanna have fun”.

Siempre existe algo de íntimo en la tristeza, siempre existe algo de morboso en explorar esos sentimientos tan personales; es por eso que resulta interesante reunirnos a conmemorar la tristeza, pensando siempre que hasta el sentimiento más aciago se disfruta a su manera, y que donde quiera que exista música hay una celebración o, en este caso, una conmemoración de aquello que nos hace sufrir, para llorar en silencio mientras cantamos a todo volumen. Por eso hago extensiva esta invitación a que nos reunamos en “noches tristes”, a oír la música con las entrañas, a recordar tranquilamente, a disfrutar de música magistralmente hecha en todos los géneros e idiomas.

A manera de bonus track dejo tres playlists perfectamente cuadradas para ser quemadas en un CD, con las mejores canciones tristes que he oído hasta ahora. Si no tienen alguna de estas canciones, y quisieran tenerla o les interesa oír más música, escriban a elwalkman@gmail.com pidiendo la canción que deseen dentro de estas listas.


Playlist 1

1- Gloomy Sunday – Billie Holiday
2- Mad World – Gary Jules (cover hecho a Tears for fears)
3- Solo – Roberto Goyeneche y Astor Piazzola
4- Garúa – Adriana Varela
5- Exit Music (for a film) - Radiohead
6- Heartbeats – José González (cover hecho a The Knife)
7- La nave del olvido – Chavela Vargas
8- Sombras – Javier Solís
9- Everyday is like sunday – Morrisey
10- Thursday’s Child – David Bowie
11- El Atajo – Pequeña Orquesta Reincidentes
12- Everybody’s gotta learn sometimes – Beck (la versión original de The Korgis también puede ser perfecta)
13- Moan (vocal version feat. Anne Trolle) – Trentemøller
14- Ain’t no sunshine – Bill Withers
15- Black – Pearl Jam
16- Fell on Black days – Soundgarden
17- El Desierto – Lhasa de Sela
18- Life on Mars? – Seu Jorge

Playlist 2

1- Angel Eyes – Sting
2- I want you – Elvis Costello
3- Only you – Portishead
4- The wind cries Mary – Jimi Hendrix
5- Mayonaise – Smashing Pumpkins
6- The first time – U2
7- Wicked Game (Acústica mejor) – Chris Isaak
8- Joga – Ben Gibbard (cover hecho a Björk)
9- Caribou – Pixies
10- Hurt – Johnny Cash (cover hecho a Nine Inch Nails)
11- Playground love – Air
12- Something I can never have – Nine Inch Nails
13- Walking in my shoes – Depeche Mode
14- Father Lucifer – Tori Amos
15- Dance me to the end of love – Leonard Cohen
16- No distance left to run – Blur
17- Paris and Rome – Cranes
18- Tom’s Diner – Suzanne Vega

Playlist 3

1- El Sur – Mano Negra
2- Street Spirit (Fade out) – Radiohead
3- Can’t help falling in love – Elvis Presley
4- Linger – Cranberries
5- Bachelorette – Björk
6- All the love in the World – Nine Inch Nails
7- Liso – Pequeña Orquesta Reincidentes
8- Té para 3 – Soda Stereo
9- Après Moi – Regina Spektor
10- Rainbows – Cranes
11- Rubber Ring – The Smiths
12- Love Will tear us apart – Joy Division
13- Apart – The Cure
14- Gloomy Sunday – Diamanda Gallas
15- El Corazón es un gitano – Nicola Di Bari
16- Re-Offender – Travis
17- #1 Crush – Garbage
18- Protège Moi – Placebo
19- Superstar – Sonic Youth (cover hecho a The Carpenters)
20- Hola Soledad – Rolando Laserie

Claro, habrá objeciones y faltantes. Quiero agradecer a todos los que me colaboraron en una gran jornada de descarga de música para armar estas listas de la manera más completa posible. Como es claro, las listas finales provienen exclusivamente de mi gusto.

Santiago Rivas

martes, 21 de agosto de 2007

Banda: Pixies

Pixies es un grupo peculiar. Estamos acostumbrados a ver despliegues asombrosos de luz y actuación, apariencias de rockero y videos en el fondo. Por favor, vean un video de Pixies en escena. Son personajes desaliñados, casi parroquianos, como sacados de cualquier foto tomada en un centro comercial. Cuando yo los oí por primera vez, gracias a un cassette que un amigo había grabado de su primo, no pude hacerme a la idea de cómo se podrían ver las personas que hacían esta música. Pensé que se trataba de dos mujeres y dos hombres, por las diferentes voces que aparecían en las diferentes canciones. A los 12 años empezamos a oír música oficialmente el promedio de los seres humanos, y Pixies es un advenimiento que siempre le agradeceré al destino. Fue amor profundo entonces y lo sigue siendo. Con el paso de los años (13 para ser exactos) solo he logrado sorprenderme cada vez que oigo de nuevo lo que tiene para ofrecer esta banda que es y seguirá siendo mi favorita. A medida que fui conociéndolos me sorprendí una y otra vez, al saber, en primer lugar, que se trataba de una banda de Boston, contrario a mis especulaciones de que eran ingleses, y vine a saber luego que solo existía una mujer entre sus 4 integrantes. Las voces agudas en su mayoría provenían de su vocalista.

Todo el mundo ha oído una canción de Pixies. Cuando no se trata de "Hey", (éxito rotundo que tantas veces sonaba en los bares de nuestra temprana y tardía adolescencia y aún de repente aparece por ahí) se trata de "Where is my mind", escogida para musicalizar la escena final de Fight Club (en lo que considero el perfecto broche de oro) y de la cual, además Placebo hizo un cover. Sin embargo, muy poca gente ha oído un disco entero de ellos (de pronto Doolittle) y mucha menos gente ha visto alguno de sus videos, casi nunca rotados en MTV porque son realmente malos (pero nunca peores que lo que es MTV actualmente).

Dentro de las llamadas “bandas de culto”, esta es una de las primordiales. Más allá de lo que se pueda contar sobre su corta historia (un álbum al año entre 1987 y 1991), es necesario adentrarse en su discografía, en un sonido que va de la estridencia más abrupta a la melodía más dulce, en letras que hablan de escenas alucinadas, sórdidas y violentas, de situaciones anormales, incesto e incluso de extrañas imágenes bíblicas, incluso de OVNIS. La gente suele describirlos como un grupo que combina el sonido del punk con el del surf rock, pero considero que es una manera muy mediocre de resumir el sonido de una banda tan compleja y variada, al punto de no tener una sola canción que se parezca a la otra. Pixies es una banda que ofrece permanentemente sorpresas, que hay que oír una y otra vez para disfrutar por completo de lo amplio de su propuesta. Gritos desgarradores, solos de guitarra que se combinan con entradas de verdadero ruido, melodías dulces en el bajo y una batería tan interesante como contundente es apenas la punta del iceberg cuando quiero describir a la banda de rock que me ha acompañado desde mi pubertad, pero es necesario oírlos para entender a qué me refiero. Las descripciones formales ya están en Wikipedia (alabada sea Wikipedia).

- Discografía: (formal)

Come on pilgrim (1987)
Surfer Rosa (1988)
Doolittle (1989)
Bosanova (1990)
Trompe le monde (1991)

- Otros lanzamientos:

Purple Tape Demo (1986, posteriormente publicado)
Complete B-sides
Pixies at the BBC
Death to the Pixies

- Mi Top 15 de Pixies (no fui capaz de hacer un top 10)

1- Caribou (Come on pilgrim)
2- Cactus (Surfer rosa)
3- Gigantic (Surfer rosa)
4- Subbacultcha (Trompe le monde)
5- Is she weird (Bossanova)
6- Into the white (B-side, Here comes your man single)
7- Where is my mind? (Surfer rosa)
8- No. 13, Baby (Doolittle)
9- Wave of mutilation (tanto la de Doolittle como el B-side)
10- Debaser (Doolittle)
11- Break my body (Surfer Rosa)
12- Motorway to Roswell (Trompe le monde)
13- Trompe le Monde (adivinen)
14- Isla de encanta (Come on pilgrim)
15- Vamos (Come on pilgrim)

Santiago Rivas.