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domingo, 8 de marzo de 2009

Música para idiotas.

Así es.

El Wolman vuelve y vuelve con una joya que encontré el otro día navegando en Internet. Nada más y nada menos que la lista que relaciona los grupos o compositores de música, con los puntajes del SAT (examen gringo para entrar a la universidad).

El gráfico lo dice todo:


Ahí les dejo una canción para sacar buen puntaje, si tienen algún examen próximamente.

Mariano Lugari.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Pink Martini.


En una de estas largas noches, en esta ciudad de condes anacrónicos y viajeros errantes, estaba oyendo el iPod (que no lo mismo que escuchar), cuando depronto empezó a sonar 'Sympathique'... ya saben: 'je ne veux pas travailler, je veux pas déjeuner..." esa canción que cantan las niñas lindas cuando creen que el francés es un idioma bonito... esa.

Me acordé de las múltiples veces que la he cantado, de las múltiples personas que me recuerda y de los múltilpes comerciales donde la han puesto de fondo y pensé que podría ser de alguien famoso. Por supuesto, como los referentes de cantantes en francés son tan pocos, pensé en Edith Piaf, pero inmediatamente me corregí: Edith Piaf no cantaba ese tipo de canciones. Entonces busqué por el autor de la canción y me encontré con una muy buena sorpresa: Pink Martini.

Esta banda formada en Oregon... ya saben: ese estado de Estados Unidos que solo es conocido porque queda arriba de California... ese. Pues esta banda, ha sido un éxito desde su creación en 1994. No solo porque ha sabido romper con esos cánones de música comercial tan comunes en Estados Unidos, sino porque se ha atrevido a volver a ritmos musicales más tradicionales como el jazz, el bolero o la samba.

Aparte de todo lo anterior, esta 'pequeña orquesta' como se autodenominan, es una multitud de intrumentos en los que se incluyen los vientos e instrumentos de cuerda distintos a la guitarra o el bajo, encontrando así violas, violines, entre otros. Eso sin mencionar que cantan en otros idiomas distintos al inglés, como francés, español y portugués.


Por otro lado, aunque algunas canciones suelen ser un poco sosas y los ritmos ya muy escuchados, tienen un talento que es innegable y una cantante que aunque tiene una voz realmente sorprendente, esta no tiene nada que ver con el físico, lo cual se le abona.

Por el momento esto: una muestra más de que la música tiene múltiples variantes y esta es una de ellas. Les dejo el link de la página por si los quieren conocer y una muestra del talento de esta gente, en la nueva sección del blog: 'Canción post'. Esta vez con 'Bolero'... una versión en bolero, del 'Bolero' de Ravel (Maurice Ravel).

Pink Martini, en: http://www.pinkmartini.com


Mariano Lugari.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Daniel Melingo: un nuevo descubrimiento viejo


Para los nacidos más allá de las fronteras que delimitan a las naciones de Argentina y Uruguay nos es muy difícil, por mucho que sepamos, imaginarnos el tango nuevo de una manera que no sea mezclado con ritmos electrónicos. Hago esta aclaración porque es muy posible que los más afiebrados por estos lares se hayan enamorado de Adriana Varela (como efectivamente yo lo estoy), que canta como pocas personas esta música sentimental y entregada del sur del continente; que canta canciones nuevas, pero no compuestas por ella. El tango y la milonga nos pueden parecer muchas veces ritmos viejos y tradicionales, que no poseen compositores vigentes, como nos pasa a nosotros con ritmos como el porro o el bambuco, tal vez precisamente por eso, y porque los compositores nuevos de nuestros ritmos vigentes, como el vallenato y la cumbia, no logran unos niveles de calidad ni siquiera regulares.

Hace ya rato me pasaron una canción de un señor Daniel Melingo llamada “Narigón (dub)” la canción es una milonga que habla de un personaje, un malevo, que según entiendo tenía un gusto muy marcado por el consumo de cocaína. La canción era buenísima, pero uno tiende a dejar pasar muchas cosas que están tocándole a la puerta hasta el momento en que resulta realmente propicio dejarlas pasar. Así, duré más de un año en comprender (no es algo raro para nadie) que no existía solamente una canción de este señor: seguramente existía un disco, por lo menos. Ya habiendo oído por ahí algunas canciones más, me decidí hace muy poco a descargar todo lo que me fuera posible de Daniel Melingo.

Su carrera no comenzó como un tanguero: hizo parte de los Abuelos de la nada, formó grupos como Los Twist y Lions in Love, y tocó con Charly García y con otros grupos. Su primer disco como solista tiende más hacia el reggae, y por fin se dedicó a experimentar con el tango en 1998.


Me resulta increíble pensar ahora en todo el tiempo que dejé pasar antes de hacerme con la música de este compositor y cantante argentino, al que no en vano llaman maestro. Es un compositor que logra el perfecto equilibrio entre los elementos originales del tango y la milonga y un espíritu netamente contemporáneo. Canta en lunfardo (el dialecto propio de las villas y los arrabales porteños) como si fuera su lengua natal. Acomoda las palabras con mucho ingenio, y hace canciones divertidísimas sobre la vida del barrio bajo, sin caer en el patetismo de muchas cumbias villeras y conservando el romanticismo que reside en el corazón del Buenos Aires de arrabal. Habla, como en cualquier tango clásico, de la soledad, el amor y la violencia, de los cuchillos y los malevos; es ante todo un compositor inteligente. Se nota desde el principio que conoce el tango a fondo y se nota también que es un músico de conservatorio (efectivamente lo es).

La mayoría de sus canciones apenas pasan de los dos minutos, y existe en ellas el humor que solo se encuentra en el voz a voz del pueblo, como en los viejos tiempos, en el vallenato original de nuestra costa colombiana o en los versitos bogotanos tradicionales. Es tango que muchas veces habla del espíritu mismo del tango, y de principio a fin es un placer oírle un disco entero.

El tango no es nada nuevo, pero Melingo es siempre novedoso. A medida que lo escucho me sorprendo más y más con la riqueza de sus composiciones, y me abruma que haya existido ya alguien capaz de hacer tangos tan nuevos y tan buenos a la manera de los clásicos. No quiero decir con esto que no me gusten los colectivos de tango electrónico, como el Gotan Project, Bajofondo o Libertango, pero es siempre refrescante encontrarse con músicos de este porte. Por eso este maestro argentino contemporáneo es mi recomendado, recomendadísimo, imperdible.

viernes, 1 de agosto de 2008

Muse (Bogotá, Julio 20 de 2008)


“During the struggle
They will pull us down
Please, please

Let’s use this chance
To turn things around

And tonight
We can truly say

Together we're invincible”


Este es un artículo sobre las palabras. No puede ser casualidad que Muse llegara a Bogotá justo este año, justo en el día en que celebramos nuestra Declaración de Independencia. Es un artículo sobre las palabras porque este es un país en que muchas de ellas se han convertido en armas mortales, un país en el que no existe la comunicación, ni la memoria, el país del blanco y el negro, de los absolutos y los oídos cerrados. No puede ser una coincidencia que hayamos ido los que fuimos a oír un grupo que tan elocuentemente habla de la destrucción, de cambio y de la responsabilidad que todos tenemos frente a la construcción de un mundo diferente, la necesidad de crear una nueva y mejorada realidad.

Hablamos muy a menudo de la patria y del progreso, de los buenos y los malos. Marchamos con el grito en el cuello para reclamar lo que creemos correcto, pero somos incapaces de ver lo que realmente bulle por debajo de los sistemas que nos gobiernan. Somos autómatas que gritan a favor de una bondad que desconocemos.

Es poco lo que puedo decir realmente sobre Muse que no se haya dicho ya, pero voy a intentarlo. Es una banda apocalíptica en todo el sentido de la palabra, con riffs de guitarra grandilocuentes, episodios de piano limpísimos y de una belleza increíble y baterías que dentro de la calidad de una buena percusión incluyen a veces redobles de marcha.

Los empresarios, sin embargo, pensaron que se trataba de una banda de brit pop y pusieron como telonero a una banda colombiana de pop británico (así como lo lee, amigo contribuyente). The Hall Effect vio la luz muy lejos del barrio Londres, al noroccidente de Bogotá, y su popularidad crece, como pasa con todo aquello que es políticamente correcto. Al igual que la mayoría de los compositores de brit pop que nacieron efectivamente en las islas británicas, no hacen música nada novedosa; la fórmula de hacer rock con el Happy Birthday, como lo dice muy acertadamente mi amigo Manuel. Por eso solo se llevan este desafortunado párrafo.

Cuando uso el término “apocalíptica” (acuñado en este caso por Ana, otra gran amiga mía) no me refiero a que nos llamen a arrepentirnos porque se acerca el fin de los tiempos y menos aún a sentarnos a llorar. Hablan de renovación y de revolución, como cantándole al mundo entero. Son capaces de evocar la tristeza más profunda y la ira más encendida, incluso la alegría y el amor más brillantes. Hacen el mejor cover que yo haya oído de una canción de Nina Simone (Feeling good) y sus letras están escritas para buscar nuestras fibras más sensibles, con una claridad que existe en pocos compositores modernos, que se escapa a las fórmulas convencionales. Este es un artículo sobre las palabras porque decimos oír pero no lo hacemos, porque obviamos el mensaje para quedarnos con nuestros propios argumentos y cantar las mismas canciones que recordamos pero no entendemos.

Es fácil oír Muse. Yo estoy convencido de que a todo el mundo le gusta Wagner, porque no existe nada que más cale que el dramatismo de una buena pieza épica, y esta banda usa esta fórmula a la perfección. Y aún así es difícil comprenderlos. Es un rock sentido como el que pocas veces encontramos en estos días y está compuesto sin dejar un solo pedazo al azar, lo que se puede evidenciar perfectamente viéndolos en vivo. Fueron capaces de emocionarme y hacerme gritar hasta la ronquera, nos dejaron a mí y a mis amigos perplejos, sintiendo la necesidad urgente de un trago, para poder sentarnos a comentar lo que habíamos visto, el estremecimiento de todos no podía ser coincidencia.


Este es un artículo sobre las palabras porque Muse habla de la libertad y del cambio, del poder que tenemos para crear nuestra propia realidad y pedir por nuestros derechos. Habían marchado las multitudes esa mañana exigiendo una causa que pese a su justicia, oculta en muchos niveles los hilos de horror e ignorancia que atan y manejan a nuestro país. Y mientras los oía cantar Knights of Cydonia o Invincible (de donde sale la cita de arriba), viendo desfilar por la pantalla de atrás a tantos que durante la historia caminaron en pro de la libertad (las marchas en Soweto, las manifestaciones de Mayo del 68), no pude evitar sentir tristeza por el vacío enorme en el que esas palabras resonaron: el vacío de un país, que al igual que el mundo entero ha olvidado el verdadero significado de las palabras que antes impulsaron cambios fundamentales pero que ahora parecen ser un eslogan más del statu quo y de los sistemas que se nutren con nuestro silencio.

La imagen de Muse en vivo en Bogotá fue tomada de la dirección de flickr de Juliana, una muy querida amiga mía que además tiene cámara (no de aire como los Nike o los pump): http://flickr.com/photos/lafalsaalicia/

Por último quiero pedir disculpas a mis lectores, no solo por lo largo de este artículo, también por mi ausencia prolongadísima en las líneas de este blog. Espero no haberlos perdido a ninguno de ustedes y espero también tener la cabeza para volver pronto a escribir acá, no en seis meses, como en este caso. Valga este artículo para que el silencio en El Wolman también se rompa, gracias a todos por su paciencia.

Santiago Rivas

martes, 25 de septiembre de 2007

En contra del "Bossa N' Stuff"



Si hay un país que merezca mi respeto (y el del mundo en general) cuando se trata de su producción cultural es Brasil. En este país tan cercano como distante hemos visto nacer la música de personajes tan maravillosos como Gilberto Gil, Seu Jorge, João Gilberto, Astrud Gilberto, Sergio Mendes, Vinicius de Moraes, Wilson Simonal y un larguísimo etcétera. Sin embargo, existe de un tiempo para acá un nuevo capricho de los traficantes de “estilo” que atenta con hacer detestable un ritmo encantador como es el bossa nova.

A las versiones en saxofón y organeta hechas para emisoras como Melodía Estéreo y adefesios tales como las versiones de los Beatles en canto gregoriano se ha unido una serie de discos que presentan versiones de los grandes del rock, el pop e incluso el jazz cantadas por voces femeninas sobre una pista de bossa nova. Canciones que antes hicieron enloquecer a multitudes de jóvenes rebeldes aparecen en versiones aguadas y “soportables”, la nueva banda sonora para todo tipo de lounges, bares y ascensores.

Para todos aquellos que disfrutamos del rock y todos aquellos que apreciamos el bossa nova, resulta ofensivo que las canciones y ritmos que nos gustan se mezclen para hacer música para salas de espera. El rock nunca estuvo muerto, y sin embargo se ha buscado resucitarlo, adaptándolo al oído del adulto contemporáneo, que nunca entendió qué hay de “cool” en los Rolling Stones. Sin mayores ambages se creó esta receta que hace de la música un accesorio del más sofisticado esnobismo; un adorno más para nuestra cultura políticamente correcta y llena de estilo; música para toda ocasión.

Se salvan experimentos como el de la banda francesa Nouvelle Vague (nueva ola), que hace versiones en Bossa Nova (nueva ola) de canciones New wave (nueva ola). No solo las versiones son buenas sino que es ingenioso el juego de palabras. De ahí en adelante no resisto ver u oír un solo disco que tenga por delante el “bossa”, nueva bandera de la música “estilizada” que ambienta los consultorios y oficinas del mundo entero.

¿Qué sigue? No me sorprendería encontrarme próximamente un disco de Bossa N’ Floyd, o de Bossa N’ Sabbath. Tal vez vendría bien intentar un Bossa N’ Manson, Bossa N’ Goth o incluso ir más allá y dañar canciones de Bossa Nova clásico, con el Bossa N’ Bossa. Después no digan que no les advertí.

Estamos acostumbrándonos a tomar la vida sin riesgos ni compromisos. Yo sé que no es necesario adoptar un tono tan trascendental en cuanto a un simple experimento de las disqueras, pero no puedo evitar sentir que de nuevo se trata de esa compota detestable que nos dan día a día. Yo no tengo nada en contra de la mezcla de tendencias mientras el resultado de la mezcla sea original, divertido y contundente; en este caso, es más que evidente que el bossa nova, siendo un excelente tipo de música, ha sido convertido en una fórmula para crear eufemismos y versiones digeribles de lo que mucha gente antes consideraba demasiado pesado, incluso “satánico”; una nueva ola de música sin cafeína, sin azúcar y sin grasa. Sin sabor y sin vida.

Santiago Rivas

martes, 18 de septiembre de 2007

Pequeña Orquesta Reincidentes



Hoy quiero hablar de un grupo argentino que demuestra que la música latinoamericana no está condenada a imitar modelos establecidos sino que, por el contrario, está diseñada para crear nuevas propuestas a partir de fusionar elementos muy diversos sin caer en el cliché, como tan a menudo pasa entre los músicos de nuestro continente. Esta banda argentina me llegó como de la nada, gracias a la reproducción aleatoria del ITunes en el computador de un amigo. Fue una epifanía instantánea; son muchas las cualidades de este grupo, que aún no es tan conocido como lo merece en su país natal, menos aún en nuestro país o en el mundo. Es la Pequeña Orquesta Reincidentes, mi recomendado de hoy.

El sonido de la Pequeña Orquesta combina muchos tipos de música que no se distinguen claramente, y no conozco a nadie que me haya podido describir exactamente qué tipo de música hacen. Entre el rock, los ritmos argentinos o del sur -como la milonga o el vals- hasta ritmos tomados de la música balcánica. Sus integrantes se presentan vestidos elegantemente y tocan instrumentos tan diversos como la guitarra eléctrica, el acordeón, la tuba y la mandolina. Alternan dos voces que con el tiempo uno aprende a distingiuir, entre una más rugosa (incluso oportunamente desafinada) y una más cálida, que se complementan perfectamente a medida que avanza un disco entero de ellos, experiencia que aconsejo a ojo cerrado.



Producen, tanto en sus canciones más movidas como en las más tristes, un sonido nostálgico y original, rico en sonidos, que ha evolucionado y madurado enormemente a través de cada uno de sus primeros 7 álbumes (el octavo no lo he podido conseguir, pero tiene pocas canciones originales y, en cambio, presenta covers y versiones en vivo). Sus canciones están llenas de giros y de momentos sin voz, que estos talentosos músicos saben aprovechar al máximo para imprimir más fuerza a sus letras llenas de imágenes de todo tipo; son fácilmente uno de los cinco grupos con mejores letras en castellano.

No es fácil de conseguir en internet, pero se logra. Pueden pedirme canciones de ellos a elwalkman@gmail.com.


Playlist Pequeña Orquesta Reincidentes

Estas son las mejores 20 canciones de este grupo hasta ahora, y caben en un disco quemado por ITunes, así que tanto mejor. Las pongo en orden cronológico.

1- Un cerebro más en tu copa
2- Más allá del mar
3- Blanco y Amarillo
4- 16 escalones
5- Raros peinados nuevos (cover hecho a Charly García)
6- El atajo
7- Desconsuelo
8- El portugués
9- Equipaje
10- El egoísta
11- Mi suerte
12- Tres deseos
13- Siete suelas
14- Liso
15- El vaivén
16- Sin dinero
17- Miedo a la oscuridad
18- Romance de suelas y suelos
19- El camión
20- Abrazame

(Mentí, se me quedan por fuera Sticks & Stones, Siete horas leyendo y Gallo rojo, gallo negro. Que cuente esta aclaración a manera de posdata.)

Discografía:

Tarde (1994)
Nuestros años felices (1996)
¿Qué sois ahora? (1999)
Pequeña Orquesta Reincidentes (2000)
Mi suerte (2001)
Miguita de Pan (2003)
Traje (2005)
Capricho (2007)

Fotos tomadas de su página de internet www.reincidentes.com.ar

viernes, 31 de agosto de 2007

Adriana Varela

Por: Santiago Rivas.

Adriana Varela da pequeños brincos cuando canta, al final de algunas frases. No es -como puede sonar- un gesto ridículo. Son saltos de emoción, como si apenas pudiera contenerse, como si esos tangos que canta la sacudieran tanto como a los que faltos de aliento la veíamos interpretar una tras otra canciones que nos dejaron boquiabiertos. El tango es una música que depende en gran parte de la forma como es interpretada. Es, como la música popular, el producto de un sentimiento que cuando se mezcla con el virtuosismo se convierte en el sentir de todos los que la oyen. Eso ocurrió en la noche de este Jueves 30.

En el concierto llevado a cabo el 30 de Agosto en el teatro Jorge Eliécer Gaitán (Bogotá) conocí el verdadero estremecimiento, el significado del apelativo “arrozudo”. A medida que avanzaban las canciones sentí escalofríos y se me erizó la piel. La voz de Adriana Varela es especial, tan cálida como desgarradora y llega de inmediato a lo más hondo del cuerpo; canta con las entrañas, y su forma de hacerlo tiene lo mismo que la de Goyeneche; uno siente que ellos compusieron el tango que cantan, como si les hubiera tocado a ellos. Conocen bien lo que dicen y hacen las pausas como solo ellos saben, como le canta ella al “polaco”: “…tu voz que al tango lo emociona, cantando el punto y coma que nadie le cantó…

Y así fueron las cosas esta noche, sin más que decir: músicos excelentes, excelentes canciones. Adriana Varela caló hondo y la gente (siempre la gente) gritó, pidió canciones, mandó saludes desde Medellín y aplaudió al embajador argentino que se paró a dar cátedra sobre tango, embriagado (seguro de alegría y de pena porteñas). Mientras tanto yo, en mi silla perplejo sudé, respiré profundo, pasé saliva una y otra vez hasta que finalmente, con los ojos aguados hice de tripas corazón y opté por hacerme el duro, como siempre. Pensaba ignorar este episodio, pero he decidido hacer esta confesión, tal vez para manifestar mejor eso que no logro describir en el canto de esta gran tanguera que esta noche tocó mis fibras más sensibles.

Bonus Track: lista de reproducción para el día del terremoto

Un 31 de agosto de un año que no diré, un terrible terremoto derrumbará a Santa fe” es la frase que me hizo temblar de chiquito. Las palabras del cura cuyo nombre no recuerdo, y el peso de la maldición hacían de las últimas noches de agosto un martirio para mí. Hoy, 31 de agosto de 2007, en medio de una ola sin igual de catástrofes naturales y alarmas tan falsas como verdaderas sobre el futuro no solo de nuestra ciudad sino del planeta entero, he decidido poner en este blog una playlist (perfectamente disponible a todos ustedes, lectores del walkman) lista para quemar en un CD, con las canciones que me gustaría oír en un día aciago como el de la catástrofe que se lleve a esta ciudad que tanto quiero. De la misma manera, seguiré poniendo cada tanto una de estas listas, con canciones que me hacen pensar en el fin de los tiempos. Como alguna vez lo dije, si ha de llegar una hecatombe, espero que me coja con el walkman puesto. No son todas canciones apocalípticas, hay muchas que simplemente me gustaría oír cuando llegue el momento en que todo se derrumbe. Acá van las canciones.

1- It’s the end of the World as we know it (and I feel fine) – R.E.M.
2- El fin del mundo – Alaska y Dinarama
3- Wave of Mutilation – Pixies
4- Great Hosanna – Kula Shaker
5- Regret – New Order
6- The day the World went away – Nine Inch Nails
7- Perfect Day – Lou Reed
8- Where the streets have no name – U2
9- There is a Light that never goes out – The Smiths
10- Half day closing – Portishead
11- Lake of fire – Nirvana (cover unplugged hecho a Meat Puppets)
12- Apocalypse please – Muse (intercambiable por Invincible, del mismo grupo)
13- Total Eclipse of the Sun – Einstürzende Neubauten
14- Outside – David Bowie
15- A Kick in the teeth - Fischerspooner
16- Appels + Oranjes – Smashing Pumpkins
17- Tomorrow comes today – Gorillaz
18- Pyramid song – Radiohead
19- El Viento – Manu Chao

Santiago Rivas

sábado, 25 de agosto de 2007

Este tema me vuelve mierda, o la celebracion de la Tristeza

El pasado martes 21 de agosto (2007) estuve poniendo música en Mai Lirol Darlin (Bogotá), en una noche que dedicamos exclusivamente a la música más triste que se haya escrito, desde el tango hasta Radiohead, y de ahí todo cuanto haya. Cuando digo “dedicamos” hablo en plural por varias razones: en primer lugar, la idea de hacer una noche triste en un bar nació a lo largo de unos dos meses en que la idea evolucionó, en diferentes cabezas, hasta reventar en un par de noches con buena música triste que disfrutamos tanto como la más alegre de las fiestas. En segundo lugar, porque requiere un esfuerzo de más de uno llevar a cabo una experiencia que en el fondo celebra algo tan íntimo, tan privado y muchas veces tan específico en sus términos como la tristeza.

No busco solamente hacer promoción de estas celebraciones, de las cuales habrá de ahora en adelante una mensual. De toda esta búsqueda por despertar el sentimiento contrario al habitual en una reunión de personas ha nacido una serie de reflexiones que me gustaría compartir, respecto a la música que acompaña nuestros momentos oscuros, dado que constituye una experiencia en la que juega un papel fundamental la combinación entre nuestro gusto y nuestra memoria. La música de nuestros malos momentos hace evidente más que nunca la importancia de la música en nuestras vidas, cuando sentimos que alguien nos entiende, que hay una persona que canta eso que tanto queremos decir y sentimos atorado tan hondo en el alma. Solo entonces empezamos a entender la forma en que disfrutamos de nuestra tristeza y nuestro desasosiego.

Existe música objetivamente triste, pero si existe en realidad algo interesante es hacer una exploración de sus diferentes matices, encerrados en la experiencia individual de cada canción. La música que más pensamos es esa que solamente disfrutamos estando solos, por lo que tantas veces hemos oído decir o dicho (yo no me incluyo) la famosa frase “esta canción me vuelve mierda”, que implica que a esa persona le gusta la canción, pero trae a colación un recuerdo triste que hace de esa canción en sí una experiencia dolorosa, así se trate de “Material Girl”, o “Girls just wanna have fun”.

Siempre existe algo de íntimo en la tristeza, siempre existe algo de morboso en explorar esos sentimientos tan personales; es por eso que resulta interesante reunirnos a conmemorar la tristeza, pensando siempre que hasta el sentimiento más aciago se disfruta a su manera, y que donde quiera que exista música hay una celebración o, en este caso, una conmemoración de aquello que nos hace sufrir, para llorar en silencio mientras cantamos a todo volumen. Por eso hago extensiva esta invitación a que nos reunamos en “noches tristes”, a oír la música con las entrañas, a recordar tranquilamente, a disfrutar de música magistralmente hecha en todos los géneros e idiomas.

A manera de bonus track dejo tres playlists perfectamente cuadradas para ser quemadas en un CD, con las mejores canciones tristes que he oído hasta ahora. Si no tienen alguna de estas canciones, y quisieran tenerla o les interesa oír más música, escriban a elwalkman@gmail.com pidiendo la canción que deseen dentro de estas listas.


Playlist 1

1- Gloomy Sunday – Billie Holiday
2- Mad World – Gary Jules (cover hecho a Tears for fears)
3- Solo – Roberto Goyeneche y Astor Piazzola
4- Garúa – Adriana Varela
5- Exit Music (for a film) - Radiohead
6- Heartbeats – José González (cover hecho a The Knife)
7- La nave del olvido – Chavela Vargas
8- Sombras – Javier Solís
9- Everyday is like sunday – Morrisey
10- Thursday’s Child – David Bowie
11- El Atajo – Pequeña Orquesta Reincidentes
12- Everybody’s gotta learn sometimes – Beck (la versión original de The Korgis también puede ser perfecta)
13- Moan (vocal version feat. Anne Trolle) – Trentemøller
14- Ain’t no sunshine – Bill Withers
15- Black – Pearl Jam
16- Fell on Black days – Soundgarden
17- El Desierto – Lhasa de Sela
18- Life on Mars? – Seu Jorge

Playlist 2

1- Angel Eyes – Sting
2- I want you – Elvis Costello
3- Only you – Portishead
4- The wind cries Mary – Jimi Hendrix
5- Mayonaise – Smashing Pumpkins
6- The first time – U2
7- Wicked Game (Acústica mejor) – Chris Isaak
8- Joga – Ben Gibbard (cover hecho a Björk)
9- Caribou – Pixies
10- Hurt – Johnny Cash (cover hecho a Nine Inch Nails)
11- Playground love – Air
12- Something I can never have – Nine Inch Nails
13- Walking in my shoes – Depeche Mode
14- Father Lucifer – Tori Amos
15- Dance me to the end of love – Leonard Cohen
16- No distance left to run – Blur
17- Paris and Rome – Cranes
18- Tom’s Diner – Suzanne Vega

Playlist 3

1- El Sur – Mano Negra
2- Street Spirit (Fade out) – Radiohead
3- Can’t help falling in love – Elvis Presley
4- Linger – Cranberries
5- Bachelorette – Björk
6- All the love in the World – Nine Inch Nails
7- Liso – Pequeña Orquesta Reincidentes
8- Té para 3 – Soda Stereo
9- Après Moi – Regina Spektor
10- Rainbows – Cranes
11- Rubber Ring – The Smiths
12- Love Will tear us apart – Joy Division
13- Apart – The Cure
14- Gloomy Sunday – Diamanda Gallas
15- El Corazón es un gitano – Nicola Di Bari
16- Re-Offender – Travis
17- #1 Crush – Garbage
18- Protège Moi – Placebo
19- Superstar – Sonic Youth (cover hecho a The Carpenters)
20- Hola Soledad – Rolando Laserie

Claro, habrá objeciones y faltantes. Quiero agradecer a todos los que me colaboraron en una gran jornada de descarga de música para armar estas listas de la manera más completa posible. Como es claro, las listas finales provienen exclusivamente de mi gusto.

Santiago Rivas

martes, 21 de agosto de 2007

Banda: Pixies

Pixies es un grupo peculiar. Estamos acostumbrados a ver despliegues asombrosos de luz y actuación, apariencias de rockero y videos en el fondo. Por favor, vean un video de Pixies en escena. Son personajes desaliñados, casi parroquianos, como sacados de cualquier foto tomada en un centro comercial. Cuando yo los oí por primera vez, gracias a un cassette que un amigo había grabado de su primo, no pude hacerme a la idea de cómo se podrían ver las personas que hacían esta música. Pensé que se trataba de dos mujeres y dos hombres, por las diferentes voces que aparecían en las diferentes canciones. A los 12 años empezamos a oír música oficialmente el promedio de los seres humanos, y Pixies es un advenimiento que siempre le agradeceré al destino. Fue amor profundo entonces y lo sigue siendo. Con el paso de los años (13 para ser exactos) solo he logrado sorprenderme cada vez que oigo de nuevo lo que tiene para ofrecer esta banda que es y seguirá siendo mi favorita. A medida que fui conociéndolos me sorprendí una y otra vez, al saber, en primer lugar, que se trataba de una banda de Boston, contrario a mis especulaciones de que eran ingleses, y vine a saber luego que solo existía una mujer entre sus 4 integrantes. Las voces agudas en su mayoría provenían de su vocalista.

Todo el mundo ha oído una canción de Pixies. Cuando no se trata de "Hey", (éxito rotundo que tantas veces sonaba en los bares de nuestra temprana y tardía adolescencia y aún de repente aparece por ahí) se trata de "Where is my mind", escogida para musicalizar la escena final de Fight Club (en lo que considero el perfecto broche de oro) y de la cual, además Placebo hizo un cover. Sin embargo, muy poca gente ha oído un disco entero de ellos (de pronto Doolittle) y mucha menos gente ha visto alguno de sus videos, casi nunca rotados en MTV porque son realmente malos (pero nunca peores que lo que es MTV actualmente).

Dentro de las llamadas “bandas de culto”, esta es una de las primordiales. Más allá de lo que se pueda contar sobre su corta historia (un álbum al año entre 1987 y 1991), es necesario adentrarse en su discografía, en un sonido que va de la estridencia más abrupta a la melodía más dulce, en letras que hablan de escenas alucinadas, sórdidas y violentas, de situaciones anormales, incesto e incluso de extrañas imágenes bíblicas, incluso de OVNIS. La gente suele describirlos como un grupo que combina el sonido del punk con el del surf rock, pero considero que es una manera muy mediocre de resumir el sonido de una banda tan compleja y variada, al punto de no tener una sola canción que se parezca a la otra. Pixies es una banda que ofrece permanentemente sorpresas, que hay que oír una y otra vez para disfrutar por completo de lo amplio de su propuesta. Gritos desgarradores, solos de guitarra que se combinan con entradas de verdadero ruido, melodías dulces en el bajo y una batería tan interesante como contundente es apenas la punta del iceberg cuando quiero describir a la banda de rock que me ha acompañado desde mi pubertad, pero es necesario oírlos para entender a qué me refiero. Las descripciones formales ya están en Wikipedia (alabada sea Wikipedia).

- Discografía: (formal)

Come on pilgrim (1987)
Surfer Rosa (1988)
Doolittle (1989)
Bosanova (1990)
Trompe le monde (1991)

- Otros lanzamientos:

Purple Tape Demo (1986, posteriormente publicado)
Complete B-sides
Pixies at the BBC
Death to the Pixies

- Mi Top 15 de Pixies (no fui capaz de hacer un top 10)

1- Caribou (Come on pilgrim)
2- Cactus (Surfer rosa)
3- Gigantic (Surfer rosa)
4- Subbacultcha (Trompe le monde)
5- Is she weird (Bossanova)
6- Into the white (B-side, Here comes your man single)
7- Where is my mind? (Surfer rosa)
8- No. 13, Baby (Doolittle)
9- Wave of mutilation (tanto la de Doolittle como el B-side)
10- Debaser (Doolittle)
11- Break my body (Surfer Rosa)
12- Motorway to Roswell (Trompe le monde)
13- Trompe le Monde (adivinen)
14- Isla de encanta (Come on pilgrim)
15- Vamos (Come on pilgrim)

Santiago Rivas.