lunes, 15 de junio de 2009

Nueva música colombiana


Existen países privilegiados, como Argentina, Brasil o México, que tienen un acervo musical en constante renovación, estudiosos de las músicas populares tanto de su tierra como de las otras y siempre dispuestos a acoger nuevos sonidos en la ecuación, y hay países como Colombia, que habiendo tenido y teniendo figuras brillantes de la música como Alejo Durán, Lucho Bermúdez, Sofronín Martínez, Petrona Martínez, Totó la Momposina, Matilde Díaz, Lisandro Mesa, Los Gaiteros de San Jacinto o Joe Arroyo, ahora se ven condenados al tropipop, a Fanny Lu y a Naty Botero, o a los vallenatos aguados de la nueva generación; países en los que todavía se piensa que Juanes toca rock y las nuevas bandas no encuentran casi espacios para darse a conocer porque sus miembros, a su vez, conocen a poca gente.

Al comienzo la música fusión colombiana se vio tropezando con algunos excesos de jazz apenas predecibles pero demasiado arrogantes, o con la fórmula siempre fácil de ensalzar la pobreza como una virtud cool, a falta de verdaderas denuncias o por lo menos de un conocimiento real del problema: “en Chocó no hay cableado, pero hay buena energía”. O teníamos a los amigos del tropipop, que es como el hijo belfo y enfermizo de la decimosexta generación de una familia aristocrática europea. En resumen, de nuestras fusiones solía resultar salsa rosada, agua tibia y salpimienta. O Cabas, que tiene todo eso y más en su afro cachacaribe.

Pero hechas las críticas, vengan las loas. Desde hace ya un tiempo se viene formando una nueva escena por la cual algunos estábamos rogando a los insondables designios de quien quiera que esté al mando y creo que nos la merecíamos finalmente. Seguramente se trata de propuestas y grupos que ya tienen unos años, músicos comprometidos que desde hace rato le estaban trabajando a lo que ahora se oye, gente que pertenecía a otros grupos o gente que por fin conoció a la gente indicada, pero el momento es muy afortunado para la música colombiana. Por un lado están volviendo todos los aires de la riquísima tradición musical de nuestro país y la gente está volviendo a oír a los maestros de siempre, como Lucho Bermúdez, Pacho Galán, los Gaiteros de San Jacinto, etc. y por el otro lado se están haciendo fusiones mucho más honestas, que rescatan de verdad el espíritu raizal de la música, fusiones hechas por oídos que no solamente oyen, también celebran; oídos que bailan. Salieron del closet por fin muchos que antes solamente oían rock, pop y electrónica y todo parece indicar que la cosa seguirá mejorando entre el porro, la cumbia, la guabina, el bambuco y los cantos tradicionales de las negritudes en nuestras dos costas, por decir lo menos.

Esta ola de nuevas propuestas no solamente es un movimiento al interior de la música, o por lo menos no repercute solamente en lo que se denomina “la escena”. Dice mucho de nuestras posibilidades como país el hecho de estar nuevamente oyendo eso que teníamos tan olvidado, escuchando eso que viene desde las entrañas de nuestra cultura, de los pueblos y los barrios bajos, porque Colombia nuevamente es un país que oye y oír es importante para entender las dimensiones de nuestra realidad y nuestra cultura. Pero en estos momentos de infausta oscuridad política es más importante que Colombia se convierta en un país que habla. Una propuesta nueva a cualquier nivel es una propuesta nueva en todos los niveles, y hecha con calidad, tanto mejor. Colombia, aunque muchos no se den cuenta, parece estar dando sus primeros pasos de bebé en la dirección correcta. Esperemos que nuestros amigos del estilo, el glamour y lo políticamente correcto no corten esta avanzada en pro de la pluralidad y, sobre todo, de la sabrosura, que tanta falta nos estaba haciendo.

Por último, solamente me queda nombrar tantas bandas como alcance a recordar, para que quien no las ha oído las oiga y quien ya los oyó se consiga sus discos: Velandia y la Tigra, la BambaraBanda, ChocQuibTown (a pesar de incurrir en ese vicio terrible que mencioné arriba sobre Chocó y la pobreza), Bomba Estéreo, el Systema Solar, Tumbacatre, Macondo, Lavanda Sonora, La 33, Toño Barrio y SolOkarina son algunas de las propuestas que por fin nos permiten decir que existe una música colombiana. Falta, claro, y seguramente falta mucho, pero este abrebocas de lo que ha de venir es un alegre comienzo. Les dejo un montón de videos, disfruten.

Santiago Rivas














1 comentario:

Anónimo dijo...

gracias por aportar tu comentario acerca de la nueva ola de musica que tenemos en colombia, ya que en cierta forma estamos siendo o identificados por el vallenato, y pues nuestro pais es Muy diverso....